
Por Jesús Ademir Morales Rojas
Quizá el éxito de esta cinta, su trascendencia, su permanente fascinación, no se deba sólo, a la excelente dirección llevada a cabo por el cineasta Ridley Scott, como siempre atento al aspecto visual hasta en el más mínimo detalle, ni al selecto talento artístico que colaboró en su realización: desde la base inicial en los amenos relatos del entrañable A. E. Van Vogt, contenidos en su obra “El Viaje del Beagle Espacial”, a los diseños proporcionados por el genial dibujante francés Moebius, o hasta en los magistrales trabajos del enorme artista suizo, H.R. Giger, vitales para el eco que ha conservado este título, a lo largo ya de décadas.
Ni siquiera en el sólido reparto, con un sobrio Tom Skerritt, o un eficaz Harry Dean Stanton; o los inigualables y magistrales John Hurt y Ian Holm; o la sorprendente Sigourney Weaver, heroína singular que enamora, e impone respeto a la vez.
La composición entera de la cinta rebosa talento: el guión de Dan O'Bannon, o la música de Jerry Goldsmith, por mencionar sólo a dos creativos únicamente, es ya decir bastante de la clave, de esta persistencia exitosa en el imaginario de los aficionados al séptimo arte.
Aquí proponemos, sin embargo, que más allá de la forma eficiente de armarse, de todo este conjunto cinematográfico espléndido, tal vez una alternativa posible y efectiva, para comprender el núcleo temático de “Alien”, podamos hallarlo en la noción de lo desconocido propio.
Nuestro ser más profundo, lo más auténtico con respecto a nuestra persona, nuestro corazón vivo en sus ínferos, es un misterio inextricable. Un secreto propio, que nos apropia. Freud, Jung o Lacan por ejemplo, desde fuera: a través del estudio de los sueños relatados, los símbolos, y las estructuras lingüísticas, tal es decir, de lo expresivo, han tratado de explorar y hacer senderos, en aquel territorio de sombras. Pero como siempre (y en cierto modo como es preciso) de un modo insuficiente y tentativo. Quizá los artistas y poetas han logrado mejor, traernos panoramas extraños de aquellas regiones vírgenes del ser, nuestro ser, para llenarnos el espíritu de pasmo, ante las profundidades impensables, las honduras siniestras, que nos “cimentan” (aún sino lo que las comillas resguarden, lo que contengan, no sea sino un vacío matizado).
Entonces, de esta suerte, el viaje increíble de la nave Nostromo, no sea sino un trayecto hacia la negra lejanía de nuestros infiernos, una travesía al espacio interior, más que al exterior
( obsérvese que acuden por obra de una señal de auxilio: la voz cavernosa del Ello, ominosa, es insilenciable y demandante, siempre menesterosa de satisfacer un deseo)
El dantesco mundo gigeriano donde encuentran los restos de una civilización de viajeros del espacio parasitados por los peligrosos alienígenas, es posible que no sea sino un prodigioso espejo, en donde podemos entrever lo humano sin matices, sin palabras; ya que esas elevadas bóvedas biomecánicas, de la ajena astronave abandonada, se puede ver como una matriz grotesca; o en aquel “jockey” del espacio, desventurado cadáver momificado de uno de esos misteriosos viajeros, con el cráneo estallado por obra de las criaturas de acido nacientes, es factible pensarlo como si fuera un feto malogrado, en el interior materno de huesos y metal.
Porque es posible que el enigmático alienígena, asesino furtivo, que se llevan a bordo los tripulantes de la Nostromo, ya estuviera allí desde un inicio. Y lo que emerge del estomago de Kane, en la sangrienta escena cumbre de la cinta, lo que poco a poco va creciendo y exterminando a cada uno de los astronautas, no sea sino la encarnación de este desconocido que nos fundamenta, ese silencio divino y silvestre, que aquí asume la figura de una esfinge de metal, y fluidos alcalinos. El carácter engañoso y traicionero del androide Ash, meras cenizas de un humano que nunca fue, da a entender esta incertidumbre particular del ser-ahí, que desconoce qué es, y donde es, a final de cuentas: ¿Quién es el androide? (oh, gran Philip Dick, sueñan las ovejas ciertamente…) ¿Quién es el alien?... Somos nosotros, somos esos aterrados personajes apresados en el laberinto de sus propios impulsos vitales, desconocidos e incontenibles: el extraterrestre no es sino un mero catalizador, la suma de todos los miedos. En cierta manera es un ángel exterminador, el más inocente y transparente de todos los pasajeros, por lo mismo de su salvaje naturaleza explayada sin menoscabo.
Es por eso que tiene que ser Ripley, aquella singular oficial de navegación, femina hermosa, pero ambigua a la vez, con un cierto toque masculino, poseedora de dos naturalezas, cual si fuese una reencarnación del adivino Tiresias, una Manto rediviva, con las facultades bicambiantes del padre, un ser incierto, un ser límite; en fín, quien tiene la inteligencia y el carácter de reconocerse en ese enigma letal, que deambula oculto y al acecho por el laberinto cretense que es la nave Nostromo, y derrotar a este novedoso y sorprendente trasunto de minotauro, que ya no es lo animal reconocido en lo humano, sino lo inerte, lo material, lo cosificado inserto en lo humano(ide).
(Como un Teseo triunfante, que un instante después de su gloria, se percatara de que jamás saldrá ya del laberinto, al descubrir bajo su taurina faz, su propio acero traspasándole el corazón)
Alien, el octavo pasajero, es nuestro yo, nuestro maldito yo, diría Cioran, visto en un espejo, y su reacción ante tal descubrimiento es el mundo que nos res-guarda, ¿el lenguaje? La salvación: la aceptación y empatía con la alteridad que nos es afín : el gatito; y tal vez esa cápsula lanzada a lo incierto no sea sino el arte mismo, la facultad divina ganada y manifestada por los héroes, que sólo lo son, por haberse atrevido a verse, a reencontrarse, en el monstruo, en su monstruo, y a pesar de ello ser aptos a superarse, y a escribir su propio destino sobre la blanca hoja de la existencia, tan nívea como vacía, como una botella lanzada a los mares siderales…
(¿o una nueva y engañosa señal de auxilio?)
(¿O el minotauro eras tú-Ripley-Ariadna, y yo lo ví justamente cuando ya no podía verlo?)
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1 comentarios:
Hay que actualizar, chicos...
Cuando pueda, lo hago.
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